Esta capacidad afecta desde nuestras relaciones sociales -como nuestra vida cotidiana- hasta la
configuración de nuestra subjetividad. No somos simplemente ciudadanos, trabajadores, empresarios, estudiantes
o amigos; Porque cada uno de estos roles se transforma o reconstruye al ser protagonistas de los procesos
comunicativos en la actualidad. Aparentemente, nuestra subjetividad como creadores y resignificados cobra
sentido en las redes sociales, en la medida en que participamos de los procesos de consumo, producción e
intercambio que se llevan a cabo a través de las nuevas redes sociales.
En este contexto, las oportunidades para transmitir información se han multiplicado exponencialmente,
gracias a que las nuevas tecnologías permiten una mayor comunicación; y, especialmente, las redes sociales que
han contribuido a la creación de nuevos espacios de interacción. Por lo tanto, ahora no estamos hablando de
meros receptores de información, sino de productores y consumidores.
Asimismo, en el ámbito de la comunicación, se utiliza el término prosumidor, aportado en los años 80 por
Alvin Toffler en el libro La Tercera Ola, para referirse a los nuevos usuarios de la información; Ya no son vistos sólo
como receptores de la información producida por los medios de comunicación, sino que participan activamente en
el proceso. La comunicación gubernamental no escapa a esta realidad, ya que la participación en la "Comunidad
Web 2.0" implica no solo consumir el contenido, sino también compartirlo, y responder o hacer comentarios
públicos sobre el mismo. Así, los ciudadanos participan en la toma de decisiones, influyen en los demás con sus
opiniones y expresan sus intereses.
De esta manera, es necesario entender que las nuevas tecnologías se han convertido en catalizadoras de
cambios tecno culturales a escala global, y que esto ha generado una transformación de los actores sociales, no
solo en las formas de comunicarse; también en su forma de entender la comunicación y su papel dentro de ella.
Materializar estas transformaciones es fundamental para transfigurar la relación que se produce entre los gobiernos
locales y la ciudadanía. Especialmente en sociedades donde es urgente una comunicación más efectiva; que no
solo promueva y fortalezca la participación ciudadana, sino que también contribuya a la satisfacción de los
requerimientos de las comunidades, lo cual es necesario para el desarrollo social y humano de los municipios.
Ahora bien, ¿cómo se ve esa participación en la práctica cuando se trata de que los ciudadanos se
comuniquen con los gobiernos de las localidades donde viven? ¿Cuál es el estado de la apropiación de las redes
sociales por parte de estos ciudadanos? ¿Cuál es el contenido que se difunde allí? ¿Cómo viven los ciudadanos
la comunicación con los gobiernos locales a través de las redes sociales?
La búsqueda de respuestas a estas preguntas ocupa este trabajo de investigación. Por lo tanto, el objetivo
es estudiar la apropiación de la red social X en la comunicación entre el ciudadano prosumidor y el gobierno local
a través de los procesos de consumo, producción e intercambio que se generan. Para ello, se ha propuesto
describir la participación del ciudadano-prosumidor en la comunicación con el gobierno local, determinar el estado
de la apropiación de las redes sociales por parte del ciudadano-prosumidor al comunicarse con el gobierno local,
e identificar los contenidos que se difunden en dicha comunicación.
Sin embargo, para estudiar la apropiación de una red social por parte de los ciudadanos-prosumidores; Y,
además, "cómo viven estos actores" la comunicación con el gobierno local, requiere definir, en primer lugar, la
comunicación. En este sentido, es útil entender la comunicación como una interfaz (Márquez, 2022). Ya que esto
implica no solo entender la interfaz desde la metáfora del espacio de interacción, sino como la interacción misma.
Pero, además, esta definición permite apreciar la complejidad de la comunicación, que constituye —como
dice Márquez (2022), siguiendo a Scolari (2008 y 2018)— "una red de actores humanos y tecnológicos que
intercambian información, generando relaciones y configurando los procesos que les permiten participar en la
construcción de conocimiento y sentido" (p. 178). En otras palabras, más que un proceso, la comunicación es un
conjunto de procesos: producción, consumo, circulación e intercambio de información; y un conjunto de actores
(humanos y tecnológicos). También es un conjunto de relaciones que se establecen cuando se activan los
procesos. Todos estos elementos (actores, relaciones y procesos) están vinculados en el complejo tejido que es la
comunicación digital.
De esta manera, precisamente, a través de la comunicación, se fomenta la subjetividad del prosumidor
(productor y consumidor) que, a su vez, emerge como una construcción social en el acto de prosumo.
La virtualización, la apropiación de la información y el territorio comunicativo -en este caso las redes
sociales- fomentan esta subjetividad y la convierten en un actor de la comunicación digital. Al apropiarse de los
contenidos, también se apropia de la arquitectura o el espacio de las redes sociales, las resignifica y construye su
propia experiencia.
Para Sosa y Arcila (2013), la apropiación se refiere al hecho de que el sujeto no solo consume los
mensajes, sino que también vive los medios, se convierte en parte de ellos, como observador y partícipe de las
historias que transmite. Asimismo, reconfigura estos relatos o relatos "a través de complejos procesos de
identificación y proyección que tienen lugar en la comunicación" (p. 86). La apropiación está en los usos de los